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Los inicios de las mujeres en el ámbito laboral


Los inicios de las mujeres en el ámbito laboral se remontan al siglo XIX con la industrialización. En principio la mano de obra era masculina, pero con el progresivo crecimiento de la industria, la población femenina se incorporó al trabajo. Las mujeres se vieron obligadas a compaginar las tareas domésticas con el empleo fuera de casa.

Ya en el siglo XX, con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres acabaron remplazando a los hombres en las fábricas, ya que estos se encontraban en el frente. Esta situación sentó un precedente: la mujer era capaz de realizar el trabajo que hasta entonces sólo había hecho el hombre.

De forma gradual, la población femenina ha ido sumándose al mercado laboral. Primero ocupando puestos tradicionalmente femeninos, como maestra, secretaria, enfermera o puericultora, hasta la situación laboral actual, en que las mujeres nos encontramos prácticamente en todos los sectores profesionales. Hoy muchas mujeres ostentan cargos de poder en el trabajo.

El acceso al empleo remunerado ha supuesto para la mujer el reconocimiento de un derecho identificado en la Constitución y la posibilidad de independencia económica con el consiguiente refuerzo de su desarrollo personal.
Pese a ello, la segregación del empleo sigue afectando más a las mujeres que a los hombres, ya que todavía ciertos sectores recelan de que las mujeres ocupemos puestos de nivel alto.

Además, la precariedad laboral repercute mayormente a la población femenina en lo que respecta al número de contratos a tiempo parcial o a salarios bajos. Según Comisiones Obreras (CC.OO.), la remuneración media por hora trabajada de las mujeres en 1999 se situaba en España en tan sólo el 78 % respecto de la de los hombres. Un problema añadido es el acoso sexual que sufren muchas mujeres en el trabajo. Las cifras que aporta CC.OO. fijan en más de un 18 % de mujeres españolas acosadas en su puesto de empleo.

En referencia al paro laboral, los datos reflejan que afecta principalmente a las mujeres, así, según la Oficina de Estadística de la Comunidad Europea, Eurostat, la tasa de ocupación femenina en España oscila entre el 35% y el 40%.

Los esfuerzos por establecer planes de igualdad de oportunidades de las instituciones internacionales y nacionales, tales como la Unión Europea o el Instituto de la Mujer en España no siempre han tenido los resultados esperados. Esto se debe en parte a la recesión económica del mundo occidental, que se ha visto agravada por la crisis del 11 de septiembre de 2001.

Tampoco los compromisos adquiridos por la IV Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre las Mujeres celebrada en Beijín en 1995 se han podido llevar a cabo antes del año 2000, como estaba previsto.

En los países subdesarrollados, la situación laboral de la mujer es mucho peor, hasta niveles insostenibles. En África la mayoría de la población femenina no tiene acceso al mercado laboral remunerado y debe trabajar en las tareas del campo para subsistir. En países de la franja oriental como Indonesia o la India la explotación de las mujeres las obliga a trabajar más de doce horas diarias o bien las somete a ejercer la prostitución.

Por todo ello, es necesario que las instituciones estatales de cada país, las organizaciones internacionales y las sociedades en sí mismas impulsen nuevas políticas de trabajo que garanticen la igualdad de oportunidades para las mujeres. Estas políticas deberían centrarse en:

Crear medidas efectivas de ocupación destinadas a las mujeres

Instaurar una perspectiva de género en el empleo, que ponga atención en las peculiaridades de la población femenina.

Trabajar para que, tanto mujeres como hombres, puedan compaginar la vida familiar y la profesional. Esta apreciación es una de las aportaciones que en su momento hizo la Plataforma de Acción de Beijing.

Incentivar la formación del sector femenino hacia las carreras técnicas y los ámbitos más innovadores que tienen mayor salida profesional, y donde las mujeres todavía tienen poca presencia.

En los países subdesarrollados es necesario partir de cero. Garantizar los derechos fundamentales de las mujeres para acabar fomentando la participación global de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, entre ellos el acceso al trabajo remunerado.

Gracias a :
http://www.vozdemujer.org/8marzo1.htm