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“La discriminación empieza en la escuela”


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Estados Unidos derrocó a Saddam, pero las mujeres iraquíes siguen sometidas a la tiranía del machismo. Violencia doméstica, acoso sexual en el trabajo, discriminación desde la infancia y exclusión de la vida política es el aterrador panorama que dibuja Hanaa Edwar, una de las fundadoras del Iraqi Women Network (IWN), que desde 2003 agrupa a las principales organizaciones de mujeres de Irak. Su figura menuda esconde tanta fortaleza como determinación.

Edwar (Basora, 1946) ha liderado dos campañas clave para las mujeres en el Irak post Sadam. Primero, fue la oposición a la orden 137 con la que del Consejo de Gobierno nombrado por los ocupantes intentó derogar el código de familia vigente desde 1959 y considerado uno de los más avanzados del mundo islámico. Después, defendió la cuota para las mujeres en el Parlamento. Ahora, teme que esos triunfos estén convirtiéndose en papel mojado.

Existe una política deliberada de excluir a las mujeres de los puestos de decisión
“Existe una política deliberada de excluir a las mujeres de los puestos de decisión”, denuncia tras enumerar los retrocesos que se han producido desde 2005, justo antes del primer Gobierno elegido en las urnas. De seis ministras se ha pasado una ministra de Estado para Asuntos de la mujer; de 10 viceministras a ninguna; también ha descendido el número de directoras generales y no hay ni gobernadoras ni vicegobernadoras provinciales; tampoco una sola de las 20 universidades tiene una rectora. “Y no será por falta de mujeres preparadas”, apunta.

A Edwar le preocupan las consecuencias de esa progresiva marginación porque en una situación de seguridad frágil como la actual, las mujeres y los niños son los grupos más débiles y desprotegidos.

“La violencia contra las mujeres dentro de la familia constituye un fenómeno alarmante”, asegura en la sede de Al Amal, una de las ONG que forma parte del IWN y de la que es secretaria general. “La discriminación empieza en la escuela; se está desincentivando que las niñas pasen a la secundaria porque las preparan para el matrimonio cada vez más jóvenes”, explica. Ella y otras activistas han sabido de bodas de niñas de 10 años.

“Es ilegal, pero los clérigos lo incentivan al amparo de la Sharía [ley islámica] y lo bendicen sin pasar por el juzgado. Nos ha llegado algún caso de divorcio a los pocos meses e incluso días; eso es directamente tráfico de menores, se está abusando de la pobreza y la ignorancia de algunas familias”, denuncia.

El 80% de las iraquíes han sido víctimas de abusos sexuales en el trabajo, según una encuesta realizada por el Foro de Mujeres Periodistas
También están aumentando los llamados matrimonios temporales, en realidad una forma de prostitución encubierta, y la poligamia. En opinión de Edwar, con el pretexto de la religión y las tradiciones tribales se están saltando la ley de familia. Además, existe un grupo de mujeres especialmente vulnerable que es el millón y medio de viudas, muchas de ellas jóvenes con hijos y sin trabajo, de las que apenas 2.000 reciben una miserable ayuda oficial de 50 euros mensuales.

“Si la situación económica y política fuera mejor, sería mucho más difícil que utilizaran la religión como instrumento”, defiende.

Desde IWN han elaborado un borrador de ley contra la violencia doméstica con el propósito de crear una red de casas de acogida y programas para ayudar tanto a las víctimas como a los maltratadores. Pero el texto se halla desde octubre en algún cajón del Consejo Consultivo que debe remitirlo al Parlamento. Mientras tanto, desde Al Amal hacen campañas de concienciación no sólo entre las mujeres sino, sobre todo, entre los hombres, convencidas de que para cambiar la situación hace falta un cambio de actitud general.

Edwar se muestra alarmada por el último dato que ha conocido durante una de las reuniones del IWN la mañana de nuestra entrevista. Según una encuesta realizada por el Foro de Mujeres Periodistas entre 190 de sus miembros, el 80% de ellas han sido víctimas de abusos sexuales en el trabajo. Además, el informe señala que estos son más frecuentes en el sector público que en el privado. “¿Dónde está los principios éticos?”, se pregunta la veterana activista.