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El acceso de la mujer a la política


El acceso de la mujer a la política comenzó a finales del siglo XX, cuando las mujeres ganaron la batalla por el derecho al voto, aunque en algunos estados la aprobación del voto femenino no llegó hasta mediados del siglo XX.

La igualdad de oportunidades para las mujeres pasa por la participación y representación en los puestos de toma de decisiones. Pero sabemos que las mujeres no intervienen en las decisiones políticas ni acceden a cargos de poder en la misma forma que los hombres.
Cuántas veces hemos oído la expresión: “Detrás de cada hombre ilustre hay una mujer brillante”. A pesar de que se trata de una frase cuyo fin es sublimar el papel de la mujer, no debemos pasar por alto que dice “detrás”, es decir, las mujeres se encuentran por detrás de los hombres y se perpetúa la situación de discriminación. Así que pasamos de la subordinación de estar “bajo” las órdenes de lo masculino a permanecer “detrás” del hombre, en un modesto segundo puesto.

Hay que señalar que la participación femenina en política se ha incrementado, pero continúa siendo desproporcionadamente baja. Seguimos a merced de decisiones políticas tomadas por una mayoría de hombres, ya que, tristemente, la representación de las mujeres en los cargos políticos es hoy muy escasa. Prueba de ello es el reducido 25 % de participación política de la población femenina europea. En África, Asia y Sudamérica la intervención de las mujeres es prácticamente inexistente.

Si el principio de no discriminación es uno de los pilares de los derechos de la persona ¿por qué en materia política se produce tal discriminación?. Es probable que existan barreras socioculturales fuertes sujetas a condicionamientos históricos. Los prejuicios y estereotipos que arrastra la sociedad de épocas anteriores asignan a las mujeres responsabilidades entendidas como femeninas.

Así pues, el cuidado del hogar y de los hijos son las actividades que nos “corresponden”, ocupaciones totalmente alejadas de cualquier ambición política. A ello hay que sumar la constante sub-representación de las mujeres en la sociedad y la violencia cotidiana de la que somos víctimas, estados que vienen a agravar la situación.

Diversas instituciones nacionales e internacionales, como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de 1979, se han preocupado por conferir mayor apoyo institucional a las mujeres con el objetivo de compensar los efectos de la exclusión en la participación.

La democracia es un valor fundamental de los estados que requiere una participación y una representación igual de los ciudadanos de ambos sexos en la toma de decisiones, en la economía y en la vida social, cultural y civil. En este sentido, las mujeres todavía tenemos un largo camino por recorrer. La sociedad debe desprenderse de los roles discriminatorios que todavía subyacen en ella y adoptar medidas que favorezcan la participación política de las mujeres, tales como:

Equiparar las decisiones políticas a las condiciones sociales con el fin de que ambos ámbitos se correspondan a la realidad y no entren en contradicción.

Alentar la creación de redes de colaboración entre mujeres que ocupan cargos de responsabilidad política.

Aumentar la cuota mínima de candidatura femenina para promover un incremento de la participación femenina en los cargos electivos.

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