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Ser (o no ser) mujer en la industria del cine: el debate


LA PANTALLA GLOBAL
Ser (o no ser) mujer en la industria del cine: el debate
EDUARDO GUILLOT. 13/05/2014 El Observatorio Europeo del Audiovisual organiza en Cannes el seminario ‘Girls just wanna have film!’, que propone una reflexión sobre el papel de la mujer en la industria del cine
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VALENCIA. ¿Cuántas películas han sido dirigidas por mujeres en los últimos años y qué acceso a festivales han logrado? ¿Qué papel juegan en la industria las guionistas? ¿Qué cantidad de fondos y ayudas reciben las mujeres? ¿Y cuántas trabajan en compañías de producción? Son algunas de las preguntas que pone sobre la mesa el seminario Girls just wanna have film!, que tendrá lugar el próximo 17 de mayo, en el marco del Festival de Cannes, y cuya organización corre a cargo del Observatorio Europeo del Audiovisual.

En el recién clausurado Certamen de Cine Español de Nantes, el tema central fue Filmer au féminin/La feminin filmé, así que si bien el planteamiento de cuestiones de género suele provocar un disimulado (y significativo) bostezo en determinados sectores, parece evidente que sigue siendo un tema relevante en foros cinematográficos, como bien saben las responsables de EWA (European Women’s Audiovisual Network), una asociación profesional de personas vinculadas al audiovisual que promueve la igualdad dentro del sector, tanto en posiciones creativas como técnicas, y que lucha por una representación más realista de la mujer en los contenidos.

Ante la pregunta de cuál es el lugar de la mujer hoy en la industria del cine, cuestión clave del seminario, su respuesta es clara: “Es sencillo. El lugar de las mujeres no debería ser distinto al de los hombres. Los salarios deberían ser iguales y no hay razón para considerar las películas dirigidas por mujeres como marginales o para un público de mujeres”.

La catalana Mar Coll, guionista y directora de las premiadas Tres días con la familia (2009) y Todos queremos lo mejor para ella (2013), cree que “la presencia de la mujer en el cine sigue siendo minoritaria y muy inferior a la que debería ocupar, pues su peso debería ser equiparable al que ocupa la de los hombres, aunque me parece que estamos en un lento pero irreversible proceso de equiparación progresiva. Todavía es lo más destacable que se puede decir sobre el tema a día de hoy”.

Sin embargo, no en todos los terrenos se avanza por igual. La navarra Puy Oria, productora de varias películas de Montxo Armendáriz, como No tengas miedo (2011), Obaba (2005) o Silencio roto (2001), opina que “sigue existiendo una especial dificultad para acceder a los puestos de ‘Alta Producción’, y hay que seguir trabajando en las etapas de formación para conseguir que cada día sean más las mujeres que accedan a las jefaturas de los diferentes departamentos, tratando de romper el llamado techo de cristal”.

LEJOS DE LA IGUALDAD

La realidad de la industria cinematográfica indica que la situación está lejos de reflejar igualdad. Eulàlia Iglesias, profesora en la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona) y asociada a FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica), se pregunta: “¿En qué extraño agujero negro desaparecen las mujeres que aspiran a convertirse en cineastas? Resulta más que intrigante, porque las escuelas, academias y facultades de cine y comunicación audiovisual presentan una proporción bastante equilibrada de estudiantes de uno y otro sexo. Pero las estadísticas demuestran que la mayoría de óperas primas siguen siendo dirigidas mayoritariamente por hombres”.

Puy Oria ofrece una posible respuesta: “No veo diferencias en el acceso de las mujeres a la escritura de guiones, la dirección o la participación en los equipos de producción, pero sí es cierto que la decisión sobre qué proyectos se llevan a cabo suele ser tomada por hombres, ya que mayoritariamente son ellos quienes ocupan los puestos directivos de las empresas de producción, los canales televisivos, etc.”

Áurea Ortiz, profesora de la Universitat de València, apunta una lectura en sentido similar: “Algo pasa cuando resulta que muchas mujeres estudian comunicación audiovisual o imagen y sonido, pero luego en la industria esa proporción no se mantiene. En España, solo el 8% de las películas están dirigidas por una mujer, y en guión y producción el porcentaje llega al 20%. No puede hablarse de igualdad, y no solo pasa en el cine. En la sociedad, los hombres tienen muchísima más visibilidad que las mujeres. Es un hecho. El espacio público sigue siendo mayoritariamente masculino: los gobernantes, los grupos de poder, cúpulas empresariales y sindicales, los deportes. En general, casi todas las representaciones de autoridad siguen siendo masculinas. Y ahí juega un papel fundamental la industria audiovisual, donde las imágenes de hombres haciendo y diciendo cosas son aplastantemente mayoritarias “.

FESTIVALES Y POLÍTICA DE CUOTAS

Los festivales de cine, entendidos como foros especializados, tienen su parte de responsabilidad en la situación. De hecho, muchos de ellos escogen determinadas películas en sus secciones a competición en función de su origen geográfico (con el objetivo de potenciar cinematografías minoritarias) o del sexo de su responsable. Se trata de establecer una política de cuotas que no margine a ningún sector. En no pocas ocasiones, es una fórmula que se extiende también a las composiciones de los jurados, donde siempre se suele buscar alguna presencia femenina.

Las responsables de EWA opinan que “no es buena idea que haya una cuota entre las películas seleccionadas, ya que minimiza el valor de esas mismas películas. Nos sorprende que en algunos festivales la presencia de las mujeres sea tan escasa. Creemos que si en los jurados hay una pluralidad de personas con diferentes bagajes, sexo y procedencia, esto ayudará a mejorar la diversidad cultural, y posiblemente incrementará la presencia femenina en los mismos sin necesidad de que exista una cuota”.

“No sé si existe realmente una instrucción concreta en los festivales para cubrir una cuota femenina”, asegura Eulàlia Iglesias. “Si así fuere, entiendo que responde a la necesidad de reequilibrar una balanza que siempre se ha decantado hacia el lado masculino. Los conceptos de cuota femenina o discriminación positiva suenan mal por lo que connotan de obligación, de seleccionar a alguien por su sexo y no por sus méritos (aunque nadie comenta que durante siglos ha existido una cuota exclusivamente masculina). Pero han sido herramientas útiles para compensar una, digamos, inercia conductual que llevaba a considerar ‘naturales’ o ‘normales’ programaciones o jurados compuestos (casi) exclusivamente por hombres”.

Diana Sánchez es programadora. Trabaja seleccionando cine latinoamericano para el Festival de Toronto desde el año 2002 y es la directora artística del Festival Internacional de Panamá. En su opinión, “no es una buena idea para las secciones oficiales ni para la composición de jurados. De hecho, hay muchos sectores demográficos que están menos representados de lo que deberían, como el africano. No solo son las mujeres las que tienen menos acceso”.

La uruguaya Leticia Jorge debutó en 2013 con la película Tanta agua, codirigida con Ana Guevara. Desde su estreno en el Festival de Berlín, hace algo más de un año, la cinta ha cosechado premios en Lima, Miami o San Sebastián. Su opinión al respecto es rotunda: “Nunca querría que mi trabajo se seleccionara para llenar una cuota. Las películas deben hablar por sí mismas. Pero sí creo que hay que luchar contra la endogamia y el estancamiento en los festivales, tanto en la selección como en la integración de los jurados”.

Su colega Mar Coll aporta otros matices: “No veo ninguna razón por la que un jurado no deba ser paritario, y además me parece que es algo que en general se respeta, sin necesidad de establecer cuotas que lo regulen, porque es una cuestión de sentido común. En cuanto a las cuotas femeninas en secciones oficiales, es bastante más discutible. Dado que solamente se producen en torno al diez o quince por ciento de películas dirigidas por mujeres, tener selecciones paritarias en festivales significaría forzosamente bajar el nivel medio de la selección. Ahora bien, cuando en un festival hay una ausencia total de cine realizado por mujeres, hay que preguntarse a qué se debe y revisar de forma concienzuda los criterios de selección”.

Mar Coll, autora de películas como ‘Todos queremos lo mejor para ella’.

DISCRIMINACIÓN POSITIVA

Directamente relacionada con el tema de las cuotas, surge otra cuestión delicada: La de la discriminación positiva. Hace algunos años, con el fin de potenciar la presencia de las mujeres en la industria local, el Instituto Valenciano del Audiovisual y la Cinematografía (IVAC, hoy integrado en CulturArts) modificó las normas de sus subvenciones a la producción, aumentando la valoración de los proyectos en los que hubiera presencia femenina. El resultado no fue que surgieran más guiones y equipos con implicación de mujeres, sino que muchos de los proyectos presentados en anteriores ocasiones (y rechazados por su bajo nivel) cambiaron a su protagonista masculino por una mujer, en un intento descarado de obtener la ansiada ayuda económica.

En EWA, sin embargo, piensan que “las acciones positivas, como se sugiere llamarlas, son básicas para incentivar la igualdad de género y posibilitar el acceso a las mujeres en la industria. Se trata de medidas temporales que también se aplican a las lenguas minoritarias o a la innovación tecnológica, y no son exclusivas de la cuestión de género”.

Mar Coll cree que “es un tema espinoso, que individualmente puede generar situaciones de desventaja para algunos. Pero es evidente que si no se fomenta la participación de la mujer en el ámbito cinematográfico es probable que la aplastante voz mayoritaria masculina se perpetúe por inercia. Es beneficioso para la sociedad conseguir un equilibrio para que el discurso sobre el mundo y la construcción de modelos no recaiga exclusivamente sobre una parte”. En cambio, Leticia Jorge opina que “la discriminación positiva no deja de ser discriminación, o incluso una forma de condescendencia. Pero existen festivales dedicados exclusivamente al trabajo de realizadoras y he participado en alguno. Todo circuito de exhibición es bienvenido”.

Por su parte, Áurea Ortiz advierte: “La discriminación positiva o las cuotas son un arma de doble filo porque, en el fondo, insisten en la idea de las mujeres como minoría. Es una cuestión muy difícil de resolver y que crea muchas contradicciones, pero supongo que si sirven para que todos nos acostumbremos a ver mujeres donde antes no las veíamos no queda más remedio que usarlas hasta que no hagan falta. Sí que he notado últimamente que la mentalidad ha variado y el discurso de la igualdad ha ido calando; en muchas organizaciones (universidades, centros culturales, festivales, etc.) ya no hace falta que alguien recuerde la necesidad de la paridad o las cuotas porque ya se piensa en nombres de mujer desde el principio, sin que nadie tenga que llamar la atención sobre ello. Creo que esto no se hubiera conseguido sin la presión social que han supuesto las cuotas y la discriminación positiva al llamar la atención sobre el problema”.

¿CINE DE MUJERES?

Precisamente, Áurea Ortiz fue la encargada de coordinar en 2013 un ciclo de conferencias y proyecciones en el MuVIM titulado ¿Por qué lo llaman cine de mujeres cuando quieren decir cine?, que incidía en algunas de las cuestiones que también abordará el seminario de Cannes. “El ciclo mostraba la enorme diversidad que ofrecen las películas dirigidas por mujeres, porque cada creadora construye su discurso desde su realidad, en la cual ser mujer es una circunstancia junto a otras circunstancias. Y mostraba la falacia de suponer que existe una mirada femenina, porque existen tantas miradas como creadoras. Creo que el cine que hacen las mujeres es cine y ya está, y así debería ser considerado”.

Sin embargo, no es tan sencillo. Leticia Jorge recuerda que en las proyecciones de Tanta agua “hubo alguna referencia a la sensibilidad femenina, cosa que no pasa con los hombres, porque nadie se refiere a la sensibilidad masculina para hablar de la obra de un director. Ese tipo de énfasis, incluso cuando es bienintencionado, resulta molesto, apela a lo más obvio y se queda en la superficie de las cosas. El concepto de cine de mujeres es una expresión reduccionista, que intenta agrupar películas usando un mínimo común denominador, una práctica corriente por parte de la crítica, cuando la propia separación por géneros es en sí misma discriminatoria”.

Y mientras desde EWA afirman que no se puede “defender el cine de mujeres como concepto en sí, porque el cine no tiene género”, Eulàlia Iglesias recuerda que “la denominación sigue siendo utilizada por colectivos feministas que reivindican un cine donde la mirada femenina se hace explícita en temáticas, perspectivas, punto de vista… Se trata de reivindicar la especificidad de lo femenino en una disciplina donde, como en tantas otras esferas, se ha tendido a identificar mirada masculina con mirada universal”.

Para Diana Sánchez no se puede hablar de género como tal, pero sí de la existencia de “una mirada femenina, donde se engloba la singularidad de directoras como Claire Denis, Lucrecia Martel, Naomi Kawase, Celina Murga, Catherine Breillat, Kathryn Bigelow o Marcela Said”. Y Mar Coll concluye: “El género no es en sí mismo un factor que determina una obra, sino que se combina con muchos otros factores. La visión del mundo de una mujer no está exclusivamente condicionada por su feminidad, sino también por su cultura, su procedencia, su extracción social, o su propia percepción derivada de su personalidad. Se puede hacer una lectura de una película desde la óptica femenina, pero será incompleta y sesgada”.

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