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Josefina Castellví: “He cumplido todos los objetivos que me propuse”


Una investigadora pionera
La primera mujer española que participó en una expedición en la Antártida se convierte en la ganadora con casi el 45% de los votos

La Catalana de l’Any de 2013 es la oceanógrafa y medalla de Oro al Mérito Científico del Ayuntamiento, Josefina Castellví. La primera mujer española que participó en una expedición en la Antártida se ha convertido en la ganadora del galardón, con casi el 45 % de los votos. La microbióloga, con 78 años, ha publicado más de 70 trabajos científicos.

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Una científica pionera

Le gustan los fondos marinos, el vuelo y el piar de los dameros del Cabo y los icebergs tanto como cuidar de los rosales de su casa del Pirineo, hacer encaje de bolillos para confeccionar el mantel del altar mayor de la Sagrada Família y contemplar las fotografías de sus días en la isla Livingston, en el archipiélago de las Shetland del Sur de la Antártida. La célebre científica Josefina Castellví es por segunda vez finalista del Català de l’Any.

Josefina Castellví
Josefina Castellví
La primera vez que la microbióloga y oceanógrafa, pionera de la exploración antártica española y directora de la base Juan Carlos I entre 1989 y 1994, optó a este reconocimiento también estaba entre los elegidos un futbolista del Barça. Ese año fue Bojan Krkic, que dejó el club en el 2001. En esta edición, el jugador finalista es Xavi Hernández.

Coincidencias

En estos últimos tiempos, los dados del destino hacen que Castellví se cruce a menudo con el Barça. «En Televisió de Catalunya han cambiado tres veces la fecha de emisión del documental Els records glaçats (que ella protagoniza) para que su pase no coincida con un partido del Barça. Me acaban de comunicar que finalmente se programará el próximo martes», cuenta con ironía la investigadora especializada en contaminación y ecología marina, que en 1960 entró en el Instituto de Ciencias del Mar, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Els records glaçats es una película dirigida por Albert Solé que relata el reciente viaje de regreso a la Antártida, donde la exploradora polar había luchado contra gélidos vientos durante nueve campañas en busca de bacterias que se desarrollan en condiciones y ambientes extremos.

Gracias a su distribución en las salas cinematográficas a principios de este año, Castellví ha entusiasmado al público con su emotiva epopeya vital y la especial relación de respeto y de admiración mutua que mantiene con Antoni Ballester, que fue su jefe en el campo de la base Juan Carlos I y a quien una embolia alejó de la investigación científica. El documental muestra cómo ella empuja su silla de ruedas por las calles de Barcelona, le recita poesías en el salón de su casa y le llama por teléfono en pleno oceáno antártico desde el barco Hespérides a pesar de que él no puede expresar palabras.

«Habían transcurrido 25 años desde mi última estancia en la isla Livingston. El objetivo de la base sigue siendo la investigación, la entrega absoluta, pero el paisaje ha cambiado. Apenas nieva, llueve. Eso antes era inusual. El suelo era una manta blanca. Pero lo que más me ha sorprendido es el glaciar que se contempla a unos ocho kilómetros desde la bahía. El hielo está torturado, incluso se puede ver la tierra negra y volcánica de abajo», describe una mujer, fuerte, sincera, de carácter incansable, para quien la investigación no tiene fronteras, aunque reconoce que «no» ha renunciado a nada por ser una científica reconocida internacionalmente: «La vida te lleva por caminos que no planeas, pero siempre tienes la opción de elegir. Yo he cumplido todos los objetivos que me he propuesto».

Un mundo de hombres

Hija de un médico, se licenció en Ciencias Biológicas en la Universidad de Barcelona, en el año 1960, con Premio Extraordinario. «Mi tendencia siempre ha sido la dureza. Soy muy exigente conmigo misma. Soy tozuda y luchadora, pero desde que me jubilé en el 2000 he cambiado. Enfoco la vida de otra manera. Ahora no discuto, apenas me enfado. No vale la pena. Ya no tengo objetivos por los que luchar en este momento. Repito: los he cumplido todos», se sincera. Eso sí, no soporta la falsedad, los engaños y la hipocresía. «Sobre todo la gente que va por detrás y la falta de valentía a la hora de enfrentar los problemas. Es importante ser valiente y saber decir no a ciertas cosas».

Tiene facilidad de expresión y transmite entusiasmo cuando habla de su profesión. Ha convivido en un mundo que hasta hace bien poco era coto de hombres, pero a ella nunca le supuso demasiados problemas. Ni siquiera cuando fue nombrada directora de la base. «Eso sí, me escapaba sola a la orilla a oír el canto del hielo, el mágico ruido de las burbujas que explotan en el agua y que cada vez se oye menos».

http://elpais.com/tag/josefina_castellvi/a/

Josefina Castellví Barcelona,1935. Oceanógrafa. Medalla de Oro al Mérito Científico del Ayuntamiento.
En 1984, se convirtió en la primera mujer española que participaba en una expedición internacional en la Antártida. Desde entonces, ha publicado más de 70 trabajos científicos.

Le gustan los fondos marinos, el vuelo y el piar de los dameros del Cabo y los icebergs tanto como cuidar de los rosales de su casa del Pirineo, hacer encaje de bolillos para confeccionar el mantel del altar mayor de la Sagrada Família y contemplar las fotografías de sus días en la isla Livingston, en el archipiélago de las Shetland del Sur de la Antártida. La célebre científica Josefina Castellví, a sus 78 años, es por segunda vez finalista del Català de l’Any.

La primera vez que la microbióloga y oceanógrafa, pionera de la exploración antártica española y directora de la base Juan Carlos I entre 1989 y 1994, optó a este reconocimiento también estaba entre los elegidos un futbolista del Barça. Ese año fue Bojan Krkic, que dejó el club en el 2001. En esta edición, el jugador finalista es Xavi Hernández.

COINCIDENCIAS / En estos últimos tiempos, los dados del destino hacen que Castellví se cruce a menudo con el Barça. «En Televisió de Catalunya han cambiado tres veces la fecha de emisión del documental Els records glaçats (que ella protagoniza) para que su pase no coincida con un partido del Barça. Me acaban de comunicar que finalmente se programará el próximo martes», cuenta con ironía la investigadora especializada en contaminación y ecología marina, que en 1960 entró en el Instituto de Ciencias del Mar, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Els records glaçats es una película dirigida por Albert Solé que relata el reciente viaje de regreso a la Antártida, donde la exploradora polar había luchado contra gélidos vientos durante nueve campañas en busca de bacterias que se desarrollan en condiciones y ambientes extremos.

Gracias a su distribución en las salas cinematográficas a principios de este año, Castellví ha entusiasmado al público con su emotiva epopeya vital y la especial relación de respeto y de admiración mutua que mantiene con Antoni Ballester, que fue su jefe en el campo de la base Juan Carlos I y a quien una embolia alejó de la investigación científica. El documental muestra cómo ella empuja su silla de ruedas por las calles de Barcelona, le recita poesías en el salón de su casa y le llama por teléfono en pleno oceáno antártico desde el barco Hespérides a pesar de que él no puede expresar palabras.

«Habían transcurrido 25 años desde mi última estancia en la isla Livingston. El objetivo de la base sigue siendo la investigación, la entrega absoluta, pero el paisaje ha cambiado. Apenas nieva, llueve. Eso antes era inusual. El suelo era una manta blanca. Pero lo que más me ha sorprendido es el glaciar que se contempla a unos ocho kilómetros desde la bahía. El hielo está torturado, incluso se puede ver la tierra negra y volcánica de abajo», describe una mujer, fuerte, sincera, de carácter incansable, para quien la investigación no tiene fronteras, aunque reconoce que «no» ha renunciado a nada por ser una científica reconocida internacionalmente: «La vida te lleva por caminos que no planeas, pero siempre tienes la opción de elegir. Yo he cumplido todos los objetivos que me he propuesto».

Hija de un médico, se licenció en Ciencias Biológicas en la Universidad de Barcelona, en el año 1960, con Premio Extraordinario. «Mi tendencia siempre ha sido la dureza. Soy muy exigente conmigo misma. Soy tozuda y luchadora, pero desde que me jubilé en el 2000 he cambiado. Enfoco la vida de otra manera. Ahora no discuto, apenas me enfado. No vale la pena. Ya no tengo objetivos por los que luchar en este momento. Repito: los he cumplido todos», se sincera. Eso sí, no soporta la falsedad, los engaños y la hipocresía. «Sobre todo la gente que va por detrás y la falta de valentía a la hora de enfrentar los problemas. Es importante ser valiente y saber decir no a ciertas cosas».

Tiene facilidad de expresión y transmite entusiasmo cuando habla de su profesión. Ha convivido en un mundo que hasta hace bien poco era coto de hombres, pero a ella nunca le supuso demasiados problemas. Ni siquiera cuando fue nombrada directora de la base. «Eso sí, me escapaba sola a la orilla a oír el canto del hielo, el mágico ruido de las burbujas que explotan en el agua y que cada vez se oye menos».