MUJERES Siemens

La Fuerza de una Imagen – Mujeres Luchadoras, Mujeres Trabajadoras


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40 AÑOS DE ANDADURA PROFESIONAL


Verdaderamente despues de leerme todas las cartas de nuestros compañeros hacia ti, me quedo sin palabras, sin que poder decir.
Pero una de mis palabras preferidas es “sentir”
y yo siento muchas cosas hacia ti.
Por que agradezco en todos estos años , el haberte conocido, agradezco , el sentimiento de cariño, de amistad, “de querer” por que sentir siento……Y SIENTO QUE TE QUIERO.

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Te quiero como buena amiga que eres.
Has estado en mis buenos y mis malos momentos, siempre a mi lado, no me has descuidado absolutamente para nada.
Has llorado y has reido conmigo y tambien has sufrido, y me has visto caer , y me lo has ofrecido todo , me has recogido una y otra vez…y no has parado hasta verme bien.
Me has dado tanto que no tengo mas que una palabra.
ERES GRANDE!!!!

UN DIA EL AMOR LE PREGUNTO A LA AMISTAD….
PARA QUE ESTAS TÚ,
SI YA ESTOY YO?………., Y
LA AMISTAD RESPONDE
…….POR QUE YO LLEVO UNA SONRISA……
DONDE TU DEJASTE UNA LAGRIMA.

Y ESTO ANITA, TU BIEN SABES QUE ES UNA REALIDAD.

TE QUIERO AMIGA.
GRACIAS
POR SER MI COMPAÑERA PROFESIONALMENTE Y UNA GRAN AMIGA.
(BELLISIMA PERSONA)

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Guía de formación para la participación social y política de las mujeres Manual de la alumna


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Para contactar con las autoras: escapaten@hotmail.com

Este trabajo está dedicado a todas las mujeres que han aplicado sus saberes y esfuerzos al “bien público” a menudo desde la más completa invisibilidad. Ojalá pronto sus trabajos aparezcan a la luz pública.

Fuenlabrada es una gran ciudad, no sólo por sus servicios de calidad y el desarrollo económico experimentado en los últimos años, sino por contar con el firme compromiso de hacer de la igualdad un eje imprescindible de la política municipal.
Nuestra ciudad cuenta con un largo recorrido en políticas de Igualdad, que, actualmente, se concretan en el IV Plan de Igualdad de Oportunidades. Este plan, que es fruto de todos estos años y no sería posible sin los planes anteriores, tampoco sería posible sin todas las mujeres y entidades de Fuenlabrada que, día a día, nos han acompañado haciendo realidad unos objetivos que, sin ellas, se quedarían sobre el papel, convertidos en una simple declaración de intenciones.
Los Planes de Igualdad han sido y deben seguir siendo un instrumento para orientar y asesorar en la realización de políticas activas concretas, que ayu- den a conseguir un mayor protagonismo de las mujeres en todas las esferas.
Por esta razón, como alcalde de Fuenlabrada, me es muy grato presentar esta Guía de formación para la participación social y política de las mujeres. Un tra- bajo realizado por Luz Martínez Ten y Rosa Escapa Garrachón, y revisado por Amelia Valcárcel, que ha conseguido aunar los esfuerzos de diferentes institu- ciones, entre ellas, el Instituto de la Mujer, la Diputación de Barcelona, el Ayuntamiento de Sant Boi y El Instituto de la Mujer de Extremadura.
Espero que os sea de utilidad para seguir construyendo, entre todas y todos, un modelo social cohesionado, participativo y solidario.

Parece que la utopía de vivir en una sociedad igualitaria está más cerca que nunca. La participación social y política ha sido uno de los derechos histórica- mente negados a las mujeres, convirtiéndolas en ciudadanas de segundo orden. Gracias a tantas y tantas mujeres que a lo largo de la historia han desa- fiado el orden patriarcal, podemos decir que estamos construyendo un nuevo orden político y social que incorpora a las mujeres en igualdad.
Nuestro IV Plan de Igualdad de Oportunidades de las Mujeres de Fuenlabrada, en el área 2, hace referencia, específicamente, a la promoción de la participación social y al empoderamiento de las mujeres. Esta guía supo- ne un importante avance en la consecución de dicho objetivo, y pone a disposición de las asociaciones de mujeres y entidades de nuestro municipio una herramienta imprescindible, un manual didáctico que recoge saberes y experiencias para participar en el espacio social y político. Es un instrumento para empoderarnos como mujeres, participar, ejercer liderazgos y, en definitiva, consolidar nuestros derechos de ciudadanía.
Decía Frida Khalo “Nada permanece, todo revoluciona”. Estoy segura de que el material que ahora mismo tenéis en vuestras manos será de gran utilidad a todas aquellas personas comprometidas con la igualdad y que trabajan diariamente en la defensa y consolidación de los derechos de las mujeres.
Raquel López Rodríguez Concejala de Igualdad y Empleo Ayuntamiento de Fuenlabrada

Como en su día Dolors Renau afirmó, éste es un material precioso. Muchas gracias a todas las que lo habéis hecho posible.
Esta Guía de formación para la participación social y política de las mujeres coincide con los veinticinco años del Instituto de la Mujer. Una fecha signifi- cativa para la democracia en España porque la creación de este organismo per- mitió encauzar un proceso por el cual la sociedad española avanzó en la conse- cución de la igualdad entre hombres y mujeres, así como en la lucha contra toda situación de discriminación o marginación de la mujer. Si volvemos la vista atrás y recordamos cuál era la situación que vivíamos, tanto social, como econó- mica, política o legal, y observamos el camino recorrido, comprendemos cuán importantes han sido los logros y adelantos conseguidos.
El avance ha sido consecuencia, en gran parte, del trabajo que todas hemos realizado en muy distintos ámbitos. Las mujeres españolas nos incorporamos a la democracia con la mirada puesta en las reivindicaciones de las compañe- ras europeas y americanas que, después del mayo del sesenta y ocho, habían reavivado el debate de la igualdad, con nuevas vindicaciones y planteamientos sobre la participación de la mujer en la sociedad. En nuestro caso, a pesar de contar en nuestra historia con figuras tan relevantes como Concepción Arenal, Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Clara Campoamor, María de Maeztu, Victoria Kent, María Lejarraga, María Zambrano y muchas otras que tuvieron una presencia determinante en la España moderna y la Segunda República, la situación de la mujer retrocedió, durante cuarenta años, hasta la llegada de la democracia, en la que de nuevo se abrieron las arterias de la participación política y social. Así, en muy pocos años, las mujeres organizadas en el movimiento feminista, asociaciones, partidos políticos y universidades
comenzamos a trabajar por unos derechos que hasta entonces habían sido una utopía y que en otros países europeos eran ya realidades cada vez más consolidadas. En el momento actual no sólo hemos conseguido equipararnos en derechos, sino que además hemos trazado nuevas estrategias en el desarrollo de la igualdad real, aprobando leyes como son la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres o la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia, que hoy son un referente internacional.
Este proceso no hubiera sido posible sin la participación, activa y comprometida, de mujeres que han ido escribiendo, uno a uno, los renglones que nos llevan al presente. Mujeres que comenzaron encontrándose en los márgenes de una sociedad que negaba sus derechos fundamentales como seres humanos; mujeres que rompieron los límites de un rol obsoleto que las marginaba impidiendo su plena participación en el espacio público, pero, sobre todo, mujeres que aspiraban a construir una sociedad más justa, libre democrática e igualitaria.
La tarea no ha sido fácil pero, en estos años, las mujeres españolas han sabido investigar, crear redes, vindicar, poner palabras a situaciones que no se percibían como discriminatorias, imaginar nuevos modelos de relación entre géneros, diseñar medidas de acción positiva para llevar a la práctica todo un proceso de implementación de la igualdad en pro de una mayor dignidad del conjunto de la sociedad.
A pesar de lo difícil que ha sido llegar a muchos de los lugares de los que está- bamos históricamente excluidas, la creación de redes y el reconocimiento de los logros y la autoridad de las compañeras nos ha permitido aprender en colectivo e incorporar nuestra visión, experiencia y expectativas a la política, la economía, las relaciones, la cultura, etc.
Así, hemos aprendido a participar en asociaciones, partidos, instituciones…, a empoderarnos, a reconocer autoridad a otras mujeres, a desafiar una estructura profundamente patriarcal, a crear nuevos organismos, planes, estrategias… a situarnos de otra manera en la sociedad y en la política.
De estos aprendizajes trata este libro. A partir de las aportaciones tanto históricas y testimoniales, como académicas, se ha reunido en los diversos capítulos el saber que hemos ido creando a partir de nuestra experiencia para participar en el espacio social y político.

En las primeras páginas se comienza por relacionar el feminismo con procesos, ámbitos y realidades tan importantes como la democracia, la paz, la igualdad o el poder. Posteriormente se hace un viaje por la historia del feminismo para seguir por capítulos que aterrizan en acciones tan concretas como son la planificación desde la perspectiva de género, el liderazgo, los obstáculos, la comunicación, la negociación, las habilidades sociales o el tra- bajo en equipo. Lecciones todas que parten de nuestra experiencia y que subrayan la importancia que tiene el que incorporemos nuestra propia mira- da a la politica.
Desde estas líneas quisiera dar las gracias a Amelia Valcárcel, nuestra maestra y amiga, por acompañarnos en este viaje y compartir con nosotras su tiempo, esfuerzo, saber y trabajo en la revisión y corrección de estos manuales; a Dolors Renau por liderar la primera propuesta, a la Diputació de Barcelona, el Ajuntament de Sant Boi y el Instituto de la Mujer de Extremadura, que realizaron las primeras ediciones; y a la Concejalía de Igualdad y Empleo del Ayuntamiento de Fuenlabrada por contribuir con esta nueva edición a ampliar la red del compromiso por la igualdad. Pero, sobre todo, a todas las mujeres, compañeras y amigas que habéis aportado vuestra experiencia y vuestra voz en la construcción de la práctica política desde la perspectiva de género.
Rosa María Peris Cervera Directora General del Instituto de la Mujer

Una de las claves de que el feminismo haya conseguido desarrollarse a lo largo de más de tres siglos, cruzando las fronteras de todo el planeta hasta llegar a los rincones más recónditos, ha sido la capacidad de las mujeres para crear complicidades, compartir experiencias y tejer redes de solidaridad.
Una pequeña muestra de este proceso es el recorrido de estos libros, que ahora tienes entre tus manos. Comienza en el año 2001, tiempo en el que Dolors Renal impulsa, desde la Diputació de Barcelona, junto con las lideresas de América Latina y España, la realización de un Programa de Formación de Mujeres en cargos electos municipales: Mujer, Tú puedes.
De los cursos de formación, que se impartieron en aquella extraordinaria expe- riencia, surgió la necesidad de poner en común los conocimientos que las mujeres habían adquirido en su participación en el espacio político. Sin duda era un ejerci- cio valiente y arriesgado, porque se trataba de construir una perspectiva que par- tiera de una nueva mirada y de nuevas propuestas y maneras de hacer política: la de las mujeres que se incorporaban a las instituciones, partidos y espacios de par- ticipación de los que habían estado excluidas durantes siglos. Y si la empresa era grande no menos lo era el interés y la generosidad de todas las que participaron en las reuniones que se realizaron en el continente latinoamericano y europeo.
A partir de los documentos, grabaciones y aportaciones de las participantes de aquel proyecto, es cuando comenzamos a trabajar en el índice y el borra- dor de un primer documento. Un proceso que duró dos años, que no sólo nos convertiría en asiduas al puente aéreo, sino que nos permitió conocer las aportaciones que se estaban realizando en la política y gestión de ayunta- mientos desde una perspectiva feminista.

Este primer documento siguió su camino y el documento que nació en Barcelona fue transformándose poco a poco en una obra cada vez más colec- tiva, que pedía una nueva edición para incorporar las aportaciones de todas las amigas que nos han acompañado en este viaje. La segunda edición llegó de la mano del Instituto de la Mujer de Extremadura, que le dio así su segunda oportunidad.
Agotados los ejemplares y ante la demanda de libros, el Instituto de la Mujer del Ministerio de Igualdad quiso asumir la tercera edición, a la que se añade una nueva voz, precisa y necesaria como es la de la Amelia Valcárcel. Ella, ha pasado horas releyendo y revisando cada una de las palabras escritas para corregir, ampliar y añadir comentarios, a menudo necesarios para la compren- sión del texto. Una aportación valiosa como lo es toda su obra.
Ahora es el Ayuntamiento de Fuenlabrada, desde su interés por promover las políticas de Igualdad, cuando se realiza la cuarta edición. No podemos por menos de dar las gracias por esta nueva oportunidad que suma un nuevo esla- bón a esta red de conocimiento que estamos construyendo entre todas.
No queremos terminar sin recordar que gracias al trabajo de investigación, producción y difusión realizado por las mujeres feministas desde el ámbito académico, como desde la práctica asociativa y política, es cómo hemos podi- do ir avanzando en el camino de la igualdad. Todo ello constituye la gran herencia política de la que forman parte estas páginas.
Por último queremos daros las gracias a todas las que os acercáis a ellas para trabajar por un mundo donde la mirada y experiencia de las mujeres ocupe en paridad el espacio social y político.
Estos libros son, en suma, las muchas voces que nos han ido acompañando.
Amelia Valcárcel Rosa Escapa Luz Martínez


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Bruselas prevé que harán falta 70 años para equiparar los salarios de hombres y mujeres en Europa


Bruselas prevé que harán falta 70 años para equiparar los salarios de hombres y mujeres en Europa
En su informe anual sobre los progresos en materia de igualdad de Género, la Comisión Europea revela que la brecha salarial de género en España (18%) es superior en casi dos puntos a la media europea (16,4%)

Los países que están a la cabeza de esta diferencia son Estonia (30%), Austria (23%) y Alemania (22%)

Según el estudio, las mujeres siguen soportando una mayor carga de trabajo no remunerado en el hogar: dedican una media de 26 horas semanales frente a las 9 que emplean los hombres

Los avances hacia la igualdad de género en la Unión Europea siguen siendo demasiado lentos. Así lo advierte la Comisión Europea en su informe anual sobre los progresos en esta materia, que alerta de que, al ritmo actual, costará 70 años lograr una equiparación salarial entre hombres y mujeres, casi 30 años para alcanzar la meta de una tasa de empleo femenino del 75% y otros 20 para conquistar la paridad en los parlamentos nacionales.

Bruselas denuncia que, según los últimos datos de 2012, la brecha salarial de género permanece estancada en un 16,4% a nivel europeo, unos puntos por debajo que la diferencia en España, que alcanza un 18%. No obstante, los países que tienen los salarios más desiguales son Estonia (30%), Austria (23%) y Alemania (22%). Como agravante a la brecha salarial, el informe subraya que las mujeres renuncian más que sus compañeros masculinos al tiempo completo lo que reduce aún más sus sueldos y también las prestaciones por desempleo que perciben.


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Las mujeres siguen cobrando menos que los hombres y su riesgo de caer en la pobreza y de cobrar peores prestaciones y pensiones es mayor.


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Las mujeres tienen más riesgo de caer en la pobreza al tener peores sueldos
UGT denuncia que la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha vuelto a ampliar y que la mayor precariedad se extiende durante toda la vida

Las asalariadas son más precarias y cobran peores pensiones

El sindicato propone potenciar los servicios públicos, fortalecer la negociación colectiva y eliminar las diferencias en el acceso y permanencia en el empleo

Las mujeres siguen cobrando menos que los hombres y su riesgo de caer en la pobreza y de cobrar peores prestaciones y pensiones es mayor. UGT constata en un informe la brecha económica que aún separa a mujeres y hombres y cuyas consecuencias se extienden durante toda la vida de unas y otros.

La brecha salarial entre hombres y mujeres se situó en el 22,9% de media, 0,5 puntos más que el año anterior, según los datos de la Encuesta Anual de Estructura Salarial de 2011 y publicada en 2013. Esta diferencia implica que las mujeres tendrían que trabajar 84 días más que los hombres para percibir el mismo salario.

Además, la ligera subida de salarios que se produjo repercutió fundamentalmente en el empleo masculino: el aumento medio del sueldo de los hombres fue del 0,74% mientras que el de las mujeres creció de media en un escaso 0,16%. El salario medio de los hombres es de 25.667,89 euros, en tanto que el de las mujeres es de 19.767,59 euros.

“El empobrecimiento de las mujeres asalariadas es el resultado de su concentración en los salarios más bajos”, dice el informe. En la medida que aumentan los salarios, el número de mujeres que accede a ellos disminuye: por ejemplo, el 22,6% de las trabajadoras perciben como máximo la mitad del salario mínimo interprofesional (el SMI está fijado en 643 euros mensuales) mientras que sólo el 0,2% accede a salarios diez veces superior al SMI, un porcentaje que entre los hombres es del 1,2%. La brecha salarial se extiende a todos los sectores económicos.

Sí hay un factor que aumenta la precarización entre las mujeres: el trabajo a tiempo parcial. Hay 2.009.000 mujeres con jornada parcial frente a 730.100 hombres. Además, el sueldo medio de los hombres con este contrato es también superior (804 euros) al sueldo medio de las mujeres con tiempo parcial (719 euros).

“Hasta ahora habíamos asistido a la concentración de bajos salarios en los sectores y ocupaciones donde hay muchas mujeres. La participación de los hombres en el trabajo a tiempo parcial aumenta los salarios para este tipo de jornada, pero la casi totalidad de esta subida va dirigida en exclusiva a ellos”, explica el sindicato. El riesgo de caer en la pobreza es mayor para las personas con jornada parcial, del 18,5%, siete décimas más que para las que trabajan a tiempo completo.

Consecuencias
La brecha salarial tiene consecuencias que van aún más allá del dinero que una persona tiene para sustentarse: peor protección social, más riesgo de pobreza, peores prestaciones y una jubilación más negra. La diferencia salarial no sólo se mantiene, sino que crece a la hora de cobrar una pensión: en la jubilación la brecha entre lo que cobran hombres y mujeres es del 32,5%. Es más, el 71,8% de las mujeres con una pensión de jubilación perciben unos ingresos igual o por debajo del salario mínimo, algo que le sucede al 24,4% de los pensionistas hombres.

Las prestaciones de paro son más bajas que las de los hombres y las cobran durante menos tiempo. “Las diferencias en este tipo de prestación provienen de las desigualdades que existen en el mercado laboral: menores salarios, mayor temporalidad, mayor presencia de mujeres en el trabajo a tiempo parcial; todas estas características de los empleos que ocupan lesionan su acceso a la protección social por desempleo de carácter contributivo”, señala UGT.

Las mujeres son mayoría entre las personas que cobran una renta mínima de inserción: de cada cien perceptores, 61 son mujeres. Cuando se trata de personas con hijos a cargo, el 71% de las beneficiarias son mujeres. “El empobrecimiento de las mujeres tiene un efecto multiplicador de la pobreza, y acrecentado en los casos en los que se tienen hijos e hijas u otras personas que dependen de sus salarios.

Si no se ataja de raíz el modelo productivo que relega a las mujeres, se provocará una fractura social de graves consecuencias”, afirma el informe.

Para acabar con las desigualdades, UGT considera imprescindible un sistema se servicios y prestaciones públicas que garantice el acceso igualitario a la educación pública y de una forma asequible, la atención de menores de cero a tres años, y el desarrollo de la Ley de Dependencia.

Aboga también por fortalecer la negociación colectiva y los planes de igualdad en las empresas, por una reforma fiscal para incrementar la población activa de mujeres y por un nuevo modelo productivo más eficiente que elimine las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso al empleo, su permanencia y sus condiciones laborales.


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“La declaración de la renta conjunta es un estímulo para que las mujeres sigan en los hogares”


“La declaración de la renta conjunta es un estímulo para que las mujeres sigan en los hogares”

María Pazos coordina desde hace años el departamento de Fiscalidad y Género del Instituto de Estudios Fiscales. De sus investigaciones nació Desiguales por Ley (editorial Catarata), un libro en el que detalla cómo las políticas públicas siguen diseñadas en contra de la igualdad de género.

Para Pazos, el cambio tiene que hacerse sobre cuatro pilares fundamentales: la eliminación de los incentivos para que las mujeres abandonen el mercado laboral y se dediquen a los cuidados; la ampliación de los servicios públicos; la equiparación de los derechos al cuidado, como los permisos de maternidad y paternidad; y la reducción de la jornada laboral.

En el libro habla de que se ha cambiado un sistema de desigualdad total por otro de amabilidad, por un “patriarcado blando”, ¿qué significa esto?

Me refiero a que hemos conseguido lo que se llama igualdad formal ante el Código Civil y las leyes en general. Sin embargo, las discriminaciones han pasado a ser implícitas y a través de mecanismos más complicados y, por tanto, más difíciles de detectar.

Su tesis es que la desigualdad permanece porque las políticas públicas la siguen transmitiendo. ¿Cómo la transmiten?

Sí, hay muchos elementos que desde que nacemos hasta que morimos nos empujan hacia la desigualdad. Las políticas públicas nos tratan de distinta forma, ya no es una cuestión privada de las familias sino del sistema educativo o de las políticas económicas.

Hay, por ejemplo, muchísimos incentivos a la permanencia de las mujeres en el hogar y no hay condiciones materiales para que, por ejemplo, una pareja que quiera vivir en igualdad pueda hacerlo. A partir de que nace un niño, de entrada, nos encontramos con las diferencias entre los permisos de paternidad y maternidad, y con incentivos como la declaración de la renta conjunta o la pensión de viudedad, para que las mujeres fíen su futuro a las cotizaciones del marido. Por otro lado, tampoco hay servicios públicos adecuados y las jornadas laborales son eternas.

¿Por qué es perjudicial para la igualdad que exista la tributación conjunta en la declaración de la renta?

La tributación conjunta parte de un principio: que una mujer es una carga y hay que desgravar por ella. Se desgrava más por una mujer que por un hijo. Quien diseña las políticas públicas no se imagina que cuando una mujer está en casa está produciendo bienes y servicios para el hogar, en cambio, un niño exige cuidados y, por tanto, gastos.

Es también una forma de favorecer al matrimonio tradicional, las uniones donde sólo hay un sustentador. Es, además, antisocial porque es creciente con el nivel de renta, es decir, si esa renta es baja, no desgrava; sólo lo hace cuando es una renta más amplia. Son unos 3.000 millones de euros al año que hay que reconvertir.

Usted sostiene que la división sexual del trabajo sigue muy presente, pero ¿cómo explicarlo cuando ya hay muchísimas mujeres en el mercado laboral y las jóvenes tienen la sensación de vivir en igualdad?

La división sexual del trabajo existe y genera mucho sufrimiento: es el pilar económico del patriarcado. Mientras haya división sexual del trabajo y las mujeres sigan especializándose en el trabajo de cuidados; y los hombres, en el trabajo asalariado, la desigualdad va a seguir existiendo y los salarios de los hombres seguirán siendo mayores que los de las mujeres.

En lo que se llama nueva división sexual del trabajo, ya no es, de una forma clarísima, la relación marido-sustentador, esposa-dependiente. Ya no es que las mujeres se queden sistemáticamente como amas de casa, porque ellas salen de los estudios y van a buscar trabajo. Pero después hay muchos incentivos que funcionan, sobre todo si eres madre o tienes a alguien a quien cuidar: las excedencias por cuidado, el fomento del trabajo a tiempo parcial…

Es una división ineficiente porque estamos perdiendo gran parte del potencial productivo de las mujeres y del potencial cuidador de los hombres. La eliminación del sector amas de casa es lo que le ha hecho dar un paso de calidad a los países nórdicos en competitividad y Estado de bienestar.

Sin embargo, usted no está de acuerdo con lo que algunas veces se ha planteado: pagar a las amas de casa por su trabajo. ¿Por qué?

Estoy completamente en contra del salario al ama de casa porque eso haría que la situación permaneciera en el tiempo. Más del 90% de las personas cuidadoras son mujeres; el tiempo parcial está completamente feminizado y sus dos primeras causas son no haber encontrado un trabajo a tiempo completo y tener personas a quien cuidar. Sería un incentivo más para que las mujeres se queden en casa.

¿Cómo hacer, entonces, para valorar el trabajo doméstico?

¿Dónde se valora el trabajo de cuidados? En Suecia, donde se canaliza fundamentalmente a través de los servicios públicos y donde los hombres van teniendo derechos para el cuidado. Para que se valore, es absolutamente necesario que lo haga todo el mundo y que salga a la luz, que salga del reducto del hogar; esto es lo que dicen las experiencias internacionales.

¿Cuáles son los sesgos principales que contribuyen a que las políticas públicas sigan discriminando a las mujeres?

Lo que hay que hacer es poner las condiciones materiales para que hombres y mujeres podamos ser iguales, y eso tiene muchísimo que ver con resolver el problema de los cuidados. Esto se soluciona con servicios públicos, especialmente de cuidados infantiles y a la dependencia; con derechos igualitarios al cuidado, como la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad instranferibles y pagados al cien por cien. Y el tercer pilar serían jornadas cortas y racionales.

La eliminación de los incentivos a la permanencia de las mujeres en el hogar tiene que ser paralela al fortalecimiento de los servicios públicos. El gran salto de mentalidad se dará cuando un hombre se quede durante algunos meses solo con un bebé para cuidarlo; es el gran salto que se ha dado en otros países.

Esto tiene que ser una catarsis social, como la que se dio en Suecia con Olof Palme y el movimiento feminista. Se necesitaría un motor político que diera un salto adelante en esta reestructuración. El avance no es lineal y paulatino, eso no existe: en todos los lugares donde se han logrado avances, ha sido a base de catarsis pero con efectos a largo plazo.

¿Qué le parece la medida que incluyó la reforma de las pensiones para que los años que se hayan dedicado al cuidado de los hijos cuenten como cotizados para la pensión?

Me parece bien que se haga con efectos retroactivos, pero no con efectos hacia delante. Me parece mal que a una persona que vaya a tener un hijo se le diga que no pasa nada por que se retire del mercado porque luego le compensarán. Me da igual que sea para mujeres o para hombres: nadie tiene que quedarse sin salario y ser dependiente económicamente de otra persona.

Son además compensaciones mínimas y no atacan los grandes problemas. Hay muchas otras gravísimas que hay que solucionar. Es muy grave que haya miles de mujeres viviendo con 300 euros al mes con pensiones no contributivas, incompatibles con todo tipo de rentas. Se podrían equiparar con las pensiones mínimas contributivas, esto no generaría ningún incentivo perverso porque ya están jubiladas.

¿Habría que eliminar la pensión de viudedad para las nuevas parejas?

La pensión de viudedad para los nuevos matrimonios es una barbaridad y habría que eliminarla. ¿Por qué se les va a prometer que, si uno muere, el otro puede vivir de eso? En Suecia existen pensiones de viudedad de dos años para poder recomponer la situación pero no son las vitalicias, que ya existen en pocos países, son incompatibles con otras rentas y suelen depender de las responsabilidades familiares que se tengan.

Aquí hay un montón de hombres que tienen salarios altos y que al mismo tiempo cobran una pensión de viudedad, que es compatible con todo tipo de rentas. Sin embargo, las no contributivas son incompatibles con otras rentas.

Si todo el mundo se mantiene en el mercado de trabajo, toda la vida tendrá su pensión. Lo que hay que hacer es quitar los desincentivos y poner las condiciones materiales para que eso sea posible. Si aun así hay quien quiere quedarse en casa, que se quede; pero que existan las condiciones para que realmente haya capacidad de elección y que el Estado no pague incentivos para quedarse inactivo, que no se desgrave del erario público.

¿Es la discriminación positiva [primar la elección de mujeres cuando hay dos candidatos para un puesto con iguales condiciones ] una buena herramienta?

Es algo que no se debe hacer, porque no es efectivo. Por un lado, las políticas públicas nos dan un trato de disfavor, por otro, aparecen este tipo de signos narcotizantes con apariencia de trato de favor hacia las mujeres. Eso nos impide avanzar porque nos impide ver dónde están los verdaderos obstáculos y las verdaderas soluciones.

¿Y las cuotas?

Son la eliminación de una discriminación, intentan eliminar un tapón de favorecimiento a los hombres y es una medida que se ha demostrado eficaz.

Hay gente que aún defiende que son las mujeres quienes eligen o prefieren coger esos incentivos para quedarse en casa al cuidado de hijos o dependientes, ¿qué le parecen estas afirmaciones?

Eso no está demostrado. En los países donde hay otras posibilidades, las mujeres eligen otras cosas. En Dinamarca, por ejemplo, no hay casi mujeres que elijan dejar el trabajo para cuidar a personas dependientes porque los servicios públicos son buenos y nadie deja el trabajo por eso, ni hombres ni mujeres, salvo en casos extremos. Les dan tiempo de calidad, pero no tienen que dejar sus trabajos.

Si puedes pagarlo, normalmente no eliges dejar tu trabajo. ¿Quién lo elige? Quien se ve en una situación sin otra salida. El CIS pregunta de vez en cuando qué tipo de familia prefiere la gente y el 80% prefiere una familia igualitaria donde las dos personas tengan la misma dedicación al trabajo asalariado y a la familia; y, sin embargo, esto no es lo que ocurre. No se logra vivir coherentemente porque las políticas que te empujan a la desigualdad: culturales, educativas; o las económicas, que determinan unas condiciones materiales, demuestran que, mientras no cambiemos, no cambiará lo demás.


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“Equiparar los permisos de paternidad es clave para que el mercado deje de penalizar a las mujeres”


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Guðný Björk Eydal es socióloga y fue una de las impulsoras de la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad en Islandia, una medida que ha conseguido reducir la brecha de género en el país nórdico a su nivel más bajo

En los últimos años Islandia se ha convertido en un referente por su gestión de la crisis. Sin embargo, el país nórdico presume también de ser uno de los lugares donde la igualdad de género es más patente, no sólo sobre el papel, sino también en el día a día. Una de las claves para conseguirlo fue la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad en el año 2000. Es más, el año pasado el Gobierno aprobó una nueva ampliación de ambos permisos.

La socióloga y profesora de la Universidad de Islandia Guðný Björk Eydal fue una de las impulsoras del proyecto piloto que más tarde se extendió a toda la isla. Eydal defiende que la equiparación de los permisos es fundamental para eliminar estereotipos, corregir la discriminación del mercado laboral, lograr la igualdad y, además, proveer a niños y niñas del cuidado que merecen por parte de ambos progenitores. Esta semana ha estado en Madrid para participar en un debate de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA), que lleva años trabajando para que España adopte permisos de paternidad y maternidad iguales, intransferibles y pagados al 100%.

En Islandia tienen permisos iguales e intransferibles desde el 2000, pero el año pasado aprobaron su ampliación. ¿Cuál es la situación ahora?

Ahora mismo tenemos tres meses de permiso intransferibles para cada padre y tres meses más que sí son transferibles. En diciembre de 2012 se aprobó una nueva reforma para llegar al objetivo de cinco meses de permiso para cada padre y otros dos más que el padre o la madre pueden cederse entre sí. La norma dice que será gradual: el objetivo era empezar el año que viene y acabar la implantación en 2016. Pero el Gobierno ha dicho ahora que no pueden permitírselo este año, y que harán un nuevo plan sobre cómo implementar la ley, pero que realmente quieren hacerlo e incluirlo como parte de su nueva política social. Así que en estos momentos no sabemos con exactitud cómo será ese plan, aunque en principio el objetivo de 2016 no tiene por qué estar en riesgo.

¿Todos los partidos políticos estuvieron de acuerdo con esta reforma? ¿Cómo ha sido allí el debate?

No hubo ningún voto en contra y la discusión fue positiva. Antes de la crisis el Gobierno ya había recomendado ampliar los permisos, así que es un debate que llevaba tiempo produciéndose. Luego llegó la crisis, y esta no era la primera cosa que había que hacer pero la sociedad sí piensa ahora que es algo muy importante a llevar a cabo.

¿Cuáles han sido los efectos de la equiparación de los permisos en la sociedad islandesa?

Hemos estado investigando sobre ello. Sabemos que los padres varones han estado usando sus permisos, que la mayoría cogen estos permisos, porque todos tienen derecho a disfrutarlos, no sólo los que viven con los hijos. Vimos que estaban usándolos, pero queríamos saber si el objetivo de la ley se había conseguido, si esta norma estaba influyendo en cómo los padres reparten las tareas de cuidado entre ellos. Hicimos una investigación en tres momentos: antes de la ley, poco después de la ley y este verano. Lo que hemos comprobado es que los padres han cambiado por completo cómo cuidan a los hijos y ahora mismo el cuidado igualitario es muy frecuente en los primeros tres años de vida del niño. También sabemos que la brecha entre padres y madres en el mercado laboral se ha estrechado, está en su punto más bajo, es decir, hombres y mujeres se han acercado mucho en su forma de participar en el mercado de trabajo. Hemos estado también investigando sobre el reparto del trabajo en casa, y los indicadores muestran que nos hemos acercado a la igualdad también en este sentido. Así que gradualmente vemos cambios en los dos ámbitos: familia y trabajo.

Así que esta medida ayuda a involucrar a los hombres en las tareas de cuidado y del hogar…

Absolutamente. Es algo que queda muy claro es nuestros resultados, que los padres están ahí más que nunca, no sólo durante su permiso de paternidad, sino también durante los primeros tres años de vida del hijo, y probablemente ya para siempre. Definitivamente es algo que tendrá efectos no sólo a corto plazo, sino también a largo plazo. Queremos investigar en el futuro la influencia que esto tendrá sobre los niños, sobre cómo verán la paternidad, cómo construirán luego sus propias familias. Es algo que probablemente tendrá unos efectos a gran escala que nunca antes se habían visto.

Y en Islandia, ¿quienes están cogiendo la parte del permiso que puede disfrutar el padre o la madre, siguen siendo las mujeres?

Es más o menos lo que pasa siempre en todas partes: siempre que hay permisos compartidos o transferibles se acaban convirtiendo en permisos para las madres. Pero estamos viendo un cambio, el incremento del número de hombres que cogían esta parte del permiso con respecto al número de hombres que lo toman ahora, cuando uno de cada cinco padres está cogiendo una parte extra que añade a sus 3 meses intransferibles. A pesar de este cambio radical en los permisos, sigue siendo un cambio paulatino: las mujeres son las que dan el pecho, suelen estar en casa los primeros meses…, así que es difícil que la igualdad llegue desde el primer momento.

Pero estamos viendo una tendencia interesante, los permisos son muy flexibles, tú eliges cómo los usas, y pueden ser simultáneos o consecutivos. Es un uso muy flexible que, eso sí, tiene que hacerse en el periodo de dos años. Así que la mayoría de los padres eligen estar juntos las primeras semanas después del nacimiento, la mayoría son familias con su primer hijo, así que imaginamos que están cogiendo sus permisos a la vez porque lo consideran importante, porque es un momento clave para la familia y es un gran apoyo para las madres que los padres estén en casa encargándose también del cuidado. Es después de ese primer momento cuando las madres suelen coger todo su permiso, mientras que los padres añaden luego el suyo.

Los datos muestran que hay un cambio, o una ruptura, en la trayectoria profesional de las mujeres cuando tienen un hijo, algo que no sucede en el caso de los hombres…

Sí, es algo que se repite: siempre hay diferencias entre las mujeres con hijos y sin hijos, la fotografía es siempre la misma. Las tasas de fertilidad están estancadas. No se trata sólo de pensar en el cuidado de los hijos cuando éstos llegan sino en el hecho mismo de que la gente pueda pensar en tener hijos. En Islandia hemos experimentado un pequeño incremento en las tasas de fertilidad, así que también pensamos que los permisos contribuyen a que la gente tenga hijos, a que pueda tener la oportunidad de ser padres en estos tiempos tan precarios.

¿La equiparación de los permisos de paternidad y maternidad sirve para eliminar la discriminación hacia las mujeres que permanecen en el mercado de trabajo?

Sí, realmente creo que es fundamental para que el mercado deje de penalizar a las mujeres. Cuando tienes dos personas con empleo que tienen las mismas probabilidades de faltar al trabajo por motivos del nacimiento de un hijo, la discriminación empieza a decrecer radicalmente. Pero también hay que pensar que una flexibilidad muy alta en el mercado no es lo mejor: si hay mucha flexibilidad, es probable que los hombres se turnen muy rápidamente entre el trabajo y el cuidado del hijo y quizá no tengan tiempo suficiente para estar con los niños, para entrar realmente en el rol de padre. Esto hace que se conviertan en una especie de padre de reserva que acude cuando la madre necesita “ayuda”. Eso no es lo mejor, porque se siguen manteniendo el rol de la madre como persona de referencia y el papel del padre como un aporte extra. Por eso lo mejor es igualar lo máximo posible los permisos. Si se mira desde la perspectiva del niño, tener el mismo acceso tanto al padre como a la madre, y desde una perspectiva de género, es fundamental.

Supongo que Islandia ha conseguido este avance tan importante en igualdad porque también se han tomado otras medidas, ¿no es así?

Éramos la cenicienta de los países nórdicos, teníamos muy pocos servicios, pero desde los años noventa empezamos a incrementar los servicios de cuidados, de atención de día, de educación preescolar e infantil… Esto demuestra que, si nosotros pudimos hacerlo, aquí también se puede. Lo mismo ocurría con los permisos parentales, que eran escasos. Una cosa que hizo que la ley de equiparación fuera exitosa fue que añadimos meses de permiso a los padres varones pero no tuvimos que quitar parte del permiso a las madres para dárselo a los padres porque teníamos unos permisos muy pequeños de partida. Es más fácil avanzar así que en lugares donde los permisos de maternidad son muy extensos y apenas hay para los hombres que tienen un hijo.

La crisis es el argumento que está sirviendo para postergar o eliminar políticas sociales. Por ejemplo, en España la ampliación del permiso de paternidad se ha retrasado en varias ocasiones. ¿Usted cree que es económicamente viable aprobar este tipo de medidas en un momento como el actual?

Está claro que la crisis es grave a muchos niveles pero, al mismo tiempo, al menos en teoría, siempre decimos que la crisis trae oportunidades. Es un momento para analizar qué estás haciendo, priorizar y tomar decisiones muy cuidadosamente. Es importante recordar que invertir en los niños no tiene nada que ver con la crisis y que la infancia debe estar resguardada de sus efectos todo lo que sea posible. Proveer a los niños de una atención y cuidados adecuados por parte de sus dos padres sería algo que yo priorizaría. Hay que ver con cuidado qué inversiones se van a hacer y qué tipo de sociedad, ciudadanía y familias generarán.

¿Cómo cambiar la mentalidad de la gente que sigue defendiendo que son las mujeres las que prefieren estar en casa con los niños, tener más permiso de maternidad o reducir su jornada?

He estado en muchos países y discutido con muchas personas sobre esto y sigo creyendo que las ideas sobre la igualdad de género son muy sólidas. Si a la gente le preguntas si quiere igualdad, nadie diría que no pero, cuando hay que hablar de cómo conseguirlo, entonces ya empiezan los problemas. Es un proceso complicado, hay obstáculos culturales, estructurales, incluso obstáculos legales. Confío en que la gente joven con mentes críticas, con mucha información disponible y herramientas nuevas de discusión y difusión, pueda generar cambios. Las cosas cambian ahora muy rápido y estamos en un nuevo camino: si queremos encontrar cualquier tipo de solución a nuestros problemas, tenemos que tener un diálogo abierto y democrático y llegar a mucha más gente. Mira Islandia, si nos hubieran dicho hace 30 años que íbamos a hacer algo tan bueno en políticas de cuidado, nadie lo hubiera creído, pero sucedió. Todo es posible y España también puede hacerlo.


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Otra reforma es posible: Invertir en igualdad mejora la sostenibilidad de las pensiones


1Las propuestas para reformar las pensiones pasan por recortes o ajustes restrictivos orientados a que la prestación disminuya. Sin embargo, los expertos señalan que la inversión en políticas de natalidad es clave para descargar el sistema.

En España la tasa de fertilidad está en 1,36 hijos por mujer y se necesitan 2,1 para garantizar el reemplazo generacional. En los países nórdicos se ha conseguido alcanzar esta tasa gracias a las políticas de igualdad de género

Los expertos lamentan que no se aborden estas cuestiones por la falta de visión a largo plazo de los políticos. Un mercado laboral rejuvenecido también mejora la economía de un país.

Reformas es igual a recortes, en el nuevo diccionario de sinónimos que está escribiendo la crisis. Cuando Bruselas o el Gobierno hablan de “reformar las pensiones”, inmediatamente se pone en marcha la maquinaria del Estado para sacar una enorme tijera con la que recortar las prestaciones. El grueso de las propuestas que se han puesto encima de la mesa para mejorar la sostenibilidad del sistema pasa por un ajuste de la cuantía de las prestaciones. Esta misma semana, el comité de sabios que está discutiendo el factor de sostenibilidad anunciará la enésima solución para garantizar la pervivencia del sistema, que en la práctica supondrá que en la mayoría de las ocasiones las pensiones que se cobren sean más reducidas.

Sin embargo, hay otras propuestas que aligerarían la carga del sistema, pero que desde que se comenzó a hablar de reformar las pensiones prácticamente no han salido a la luz. El primer lastre del sistema de pensiones español no es la cuantía de las prestaciones, ni siquiera la edad real de jubilación, que es una de las más altas de Europa (62,6 en España frente a 61,4 de media en UE). El problema está en la demografía, que evoluciona de forma inexorable hacia el envejecimiento de la población. Invertir en políticas de igualdad sería uno de los factores que pueden contribuir a mejorar las cifras del sistema, incorporando nuevos activos (niños de hoy, cotizantes de mañana).

Expertos de la Seguridad Social que conocen desde dentro las cuentas del sistema reconocen que el problema de la baja natalidad es el factor clave en la pervivencia del sistema. Sin embargo, ni el Gobierno ni la troika han hecho el mínimo esfuerzo por elaborar una política de familia que permita revertir la tendencia y mejorar las posibilidades de que el sistema de reparto, que se basa en que las cotizaciones de unos soportan las pensiones de otros, tenga posibilidades de subsistir. “Bruselas solo quiere rebajar la factura a corto plazo”, lamenta el profesor de economía de Esade, Eugenio Recio, que en 2007 elaboró un completo estudio sobre las negras perspectiva de la evolución demográfica.

Las cifras no dejan dudas. En España, la tasa de fertilidad, es decir, el número de hijos que nace por mujer es de 1,36, y eso que a mediados de la década pasada experimentó una mejoría gracias a la inmigración. La media de la Unión Europea está en 1,6 y la denominada tasa de reemplazo, la que permite que haya un recambio generacional, está en 2,1. Entre 2004 y 2050 desaparecerán una quinta parte de los menores de 15 años y los mayores de 65 aumentarán en un 111%, señala Recio. “España es el país con peores proporciones de toda la UE”, remarca.

Así las cosas, en 2050, la pirámide poblacional española se habrá invertido, con una base muy pequeña y una cabeza de ancianos amplísima. Un problema que ni el factor de sostenibilidad, ni el alargamiento de la vida laboral, ni los recortes de la cuantía en las pensiones van a solventar esa realidad.

Sistema de reparto
“En un sistema de reparto es muy importante que esté equilibrada la población activa y la pasiva”, explica el exsecretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado. Granado recuerda que revertir estas tendencias de decrecimiento de la población es muy difícil pero que, con todo, la falta de elementos que favorezcan la toma de decisiones a la hora de tener hijos es una laguna muy importante. Así, hace 25 años las parejas españolas declaraban que querían tener dos hijos y, por falta de planificación familiar, tenían un tercero. Los últimos estudios sociológicos muestran que las parejas residentes en España siguen declarando querer tener dos hijos, pero solo tienen uno. El segundo no llega por falta de medios, según los expertos consultados.

El profesor de sociología Fabrizio Bernardi, actualmente en la European University Insitute de Italia, apunta a varios factores que estancan la tasa de natalidad y ponen en peligro alcanzar el objetivo del reemplazo. En primer lugar, como reconocen el resto de los expertos, está el retraso a la hora de tener el primer hijo (31,5 años en 2011 según INE), cuya tardanza deja muy poco espacio temporal para decidir tener el segundo. Para Bernardi, tener empleo es la clave para adelantar la decisión de tener el primer hijo. Con uno de cada dos jóvenes en paro en España, las perspectivas de que la generación que está entrando ahora en la etapa de la procreación se decida a tener un hijo por debajo de los 30 son prácticamente nulas.

Por eso, una estrategia eficaz para atajar el desempleo juvenil y el paro en general actúa de forma directa en la tasa de natalidad y también en la sostenibilidad de las pensiones. Cabe destacar que la entrada de inmigrantes es el otro elemento, junto a la natalidad, que más garantiza el sistema de pensiones, pero con unas perspectivas oficiales de desempleo por encima del 20% hasta el final de esta década resulta difícil plantearse que este vector sea explotable. El problema demográfico se verá agravado así no solo porque no se tienen hijos, sino porque los que están en edad de tenerlo, o incluso tienen ya hijos pequeños, sean nacionales o extranjeros, abandonarán el país en un número abultado en los próximos años. “Los jóvenes emigran porque sus rentas tienen menos garantías en España que las de los mayores de 65”, matiza Granado.

Consensuado el diagnóstico, ¿cuáles son las posibles soluciones de las que nadie habla en los círculos de poder?

Los expertos coinciden en las necesidad de implementar políticas públicas que favorezcan la decisión de tener más hijos, pero la aproximación con perspectiva de género marca dos corrientes natalistas. Así, hay quién defiende el modelo de Alemania, muy implicado en dar todo tipo de beneficios a las mujeres, como las excedencias de varios años remuneradas o los minijobs que permiten compatibilizar algunos ingresos con el cuidado de hijo. También está los modelos que se han practicado en el sur de Europa, (en España con el cheque bebé o en Finlandia) de dar dinero a las familias para que tomen sus propias decisiones, como llevar al niño a una guardería o contratar una persona que lo cuide en casa.

Dos aproximaciones a las políticas de natalidad
Para Carmen Castro, economista y feminista, estas aproximaciones no hacen más que perpetuar los roles de la mujer en la familia tradicional y no se han demostrado eficaces a la hora de elevar las tasas de fertilidad. Además favorecen “un escaqueo de la responsabilidad de lo público en políticas de igualdad derivándolo a las familias”. Frente a estos enfoques están las políticas abordadas en Suecia e Islandia de equiparación plena de los derechos de hombres y mujeres que son dos casos de éxito y sostenibilidad en el tiempo. Islandia, con una tasa de fertilidad constante en el tiempo del 2,1 y Suecia, rozando siempre el 2, son las que mejores marcadores tienen de toda Europa, junto con Irlanda, donde el componente religioso tiene una alta influencia.

Para lograr estas tasas de reemplazo estos países, y también en buena medida Noruega o Dinamarca, han trabajado en la inversión en servicios públicos. En la educación gratuita y de calidad de 0 a 3 años; en los permisos de paternidad y maternidad igualitarios; y en toda clase de medidas destinada a equiparar la situación y las condiciones de la mujer en el mercado laboral.

Borja Suárez, profesor de derecho del Trabajo en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de Economistas Frente a la Crisis, que también está a favor del enfoque de igualdad, recuerda que en España el gasto en lo que se conoce como política familiar apenas alcanzaba el 1,5% del PIB antes de la crisis. Una ratio muy por debajo de la de nuestros vecinos europeos. “La evolución de la población es un factor determinante en el crecimiento económico”, recuerda Suárez, que incide en que las políticas de natalidad tienen un planteamiento a largo plazo similar a las estrategias en Educación: los resultados solo se ven a largo plazo.

“Cuando la mujer tiene las condiciones mínimas de derechos, uno de los factores determinantes para tener hijos es la cuestión económica”, remarca Castro. Con una tasa de empleabilidad femenina a la cola de la UE y una brecha salarial entre hombres y mujeres aún abismal, las condiciones en España no son óptimas para que las mujeres tomen este tipo de decisiones.

Por su parte, Bernardi también es partidario de adoptar esta perspectiva de género e igualdad ya que elimina la polémica de si los hijos son un bien público o privado. “Los ciudadanos se pueden plantear porque deben subvencionar el deseo de una familia de tener un tercer o cuarto hijo, vía la declaración de la renta u otras políticas”, polemiza. Sin embargo, una perspectiva de igualdad en la que también se prime la conciliación, de padres y madres, es mucho más justa para aquellos que tomen la decisión de no tener hijos.

Se han barajado incluso posibilidades más drásticas a la hora de favorecer la decisión de tener más hijos. Ignacio Conde Ruiz, miembro de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y uno de los sabios del comité para el factor de sostenibilidad, ha llegado incluso a estudiar la posibilidad de ligar el número de hijos a una mejora de la prestación por jubilación de la mujer, como incentivo económico.

Conde reconoce la importancia del factor de natalidad en la sostenibilidad del sistema aunque matiza que para que la tasa de fertilidad resolviera por sí sola el problema de las pensiones, se tendría que acercar a los 4,8 hijos por mujer para poder compensar el efecto del aumento de la esperanza de vida (cabe recordar que en España este factor también es mejor que en el resto de la UE). Defensor también de las políticas de igualdad como eje vertebrador de la natalidad, recuerda que fue el Gobierno de Zapatero el que dio un impulso a esta perspectiva con la elaboración de la Ley de Igualdad.

¿Gasto público o inversión productiva?
En tiempos de austeridad, Castro invita a reflexionar sobre los gastos que se hacen ahora en una malentendida política familiar en España y cómo se podrían reconvertir en positivo. Equiparar los permisos de maternidad y paternidad supondría 1.700 millones de euros, cifra la economista. Un gasto que se puede interpretar como excesivo en un momento de crisis, pero que se debe poner en contexto. Así, según los cálculos de Castro, las arcas del Estado dejan de engrosar cada año alrededor de 2.000 millones de euros por el beneficio fiscal que supone hacer la declaración conjunta en la que uno de los cónyuges es dependiente del otro. “En el 97% de los casos, la mujer es la dependiente. Lo que se deja de ingresar por favorecer una situación familiar de dependencia, se podría utilizar para otras políticas de igualdad”, concluye.

Para rematar el cambio de paradigma, la crisis está haciendo mella en una terrible asociación: hijos y pobreza. Según el paro va haciendo estragos en la población activa (que por definición está en edad de trabajar), las cifras señalan que los hogares con hijos son los que están más cerca de caer por debajo del umbral de la pobreza. Si en el pasado tener un hijo era sinónimo de tener un futuro y una riqueza, ahora está asociado a una carga. Lo que sostiene a muchas familias es la pensión del abuelo.

Fuentes
La mayor parte de los datos para elaborar este artículo proceden de los dos informes sobre conciliación de la vida familiar en la UE y el Informe de la evolución demográfica de Eurostat que recogen datos del inicio de la crisis.